EL SENTIDO DE LA VIDA 3.7

Por la tarde, familiares de los desaparecidos comenzaban a agolparse en la entrada. Souta llamó a Lisa e informó que el camión que había salido de la finca había entrado en un matadero local. Pensé que era demasiada logística para una organización donde solo había gente desnuda e interrumpí la conversación de Lisa y Souta para pedirles que investigaran al dueño. No les había dejado terminar y era lo siguiente que el agente iba a decir. El dueño del matadero estaba desaparecido, pero desde días atrás, días antes de que se publicara el video. Según nos informó la policía, el camión venía de vuelta.

A media tarde, varios familiares, nerviosos, fueron hasta las puertas principales y golpearon hasta que les abrieron. Todos en silencio observamos mientras se abrían los pórticos, en vano, pues solo descubrían un vestíbulo y  dos pórticos más que darían acceso al interior del misterioso lugar. Dos jóvenes, un chico y una chica vestidos de blanco, les invitaron a pasar. Un hombre reconoció a la chica que recepcionaba  a los familiares. “¡Isabel! ¡Isabel! ¡Maldita sea!” – gritaba. Corrió hasta ella y la abrazó. Él y diez de los familiares más de los internos pasaron y tras de sí las puertas se cerraron. Ya no saldrían.

Juliette nos llamó. Saúl y yo nos acercamos a ella pero Lisa tenía un trabajo del que preocuparse. Escribía notas sin parar y hablaba con todo el mundo.

–          Ben – me dijo – tenemos que ver que lleva ese camión.

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Y explicó un plan:  Saúl se interpondría en el camino con la camioneta y ella y yo subiríamos a la caja por detrás. Fácil.

Subimos a la camioneta y en el camino por donde pasaría el transporte Juliette y yo nos escondimos detrás de los árboles. Uno a cada lado del camino. Saúl cruzó la camioneta en la carretera y solo tendríamos un par de minutos para abrir la caja y entrar. Luego Saúl se apartaría del camino. Sentimos el camión acercarse y la confianza se desvaneció. Comenzamos a sudar y temer que se llevara por delante al viejo. Veíamos el camión a lo lejos difuminado por el calor del asfalto y a su lado unas luces. Luces rojas y azules. ¡Coches de policía!. Seis patrullas escoltaban al camión y por fin sabríamos que transportaba. Juliette y yo salimos a la carretera a la altura de la camioneta y esperamos. Juliette me sonreía. El camión se detuvo lejos y una de las patrullas avanzó hasta nosotros. Un agente se bajó del coche, era bastante joven y  delgado. Le quedaba grande la gorra y tenía la piel muy blanca.

–          ¿Qué ocurre? Aparten ese trasto del camino. – Ordenó.

–          Agente… – Decía mientras buscaba su nombre en el uniforme-  … Agente Seen, verá, estamos colaborando con el agente Souta. Pretendíamos parar el camión para saber que transportaba al interior de la casa. – Expliqué.

–          Gracias, ahora tienen que irse.

–          Por supuesto agente.

Montamos en la camioneta y nos apartamos del camino. Satisfechos fuimos detrás del comboy. Al llegar, las seis patrullas formaron en la entrada. El camión fue hasta la parte trasera y desapareció. La policía sin ni siquiera mirar por el retrovisor se fue, dejándonos algo confusos y envueltos en una nube de polvo.

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