EL SENTIDO DE LA VIDA 3.9

Esa mañana desperté con Juliette abrazada a mí. Era una sensación maravillosa pero mis huesos se resentían de permanecer tanto tiempo en la misma posición para no despertarla. Al final decidí levantarme. Ella estaba inmersa en su profundo sueño. Sonriendo, como siempre. Le besé una mejilla, cojí mi ropa y salí a vestirme fuera de la habitación. Saúl ya estaba sentado en el sofá viendo las noticias.

–          Buenos días muchacho, ¿has dormido bien? – Preguntó.

–          Si Saúl, muchas gracias.

–          Ha pasado el viejo loco de Johnny con el pan y he hecho tostadas.

–          Huelen muy bien Saúl, estupendo.

Cogí una taza grande de café, un par de tostadas en un plato y me senté al lado del viejo a ver las noticias.

–          Saúl, ¿qué crees que lleva ese camión?

–          No se muchacho. ¿cadáveres?, ¿comida?. Ni siquiera sabemos que está pasando ahí dentro.

Estuve un rato viendo las noticias y pensando. Creía que era hora de irse. Allí no hacía nada y quería hablar con Juliette para que se viniera conmigo. Ya no me importaba aquella maldita historia. Me  imaginaba una vida con Juliette.

–          Saúl, has sido muy amable pero creo que es hora de que nos vayamos.

–          Oh, claro muchacho, lo entiendo. Solo he hecho lo que tenía que hacer. Sois unos jóvenes encantadores. Cuando queráis os acercaré a la ciudad.

–          Bien. Gracias Saúl. – Respondí aliviado.

Mientras terminaba el café, con el viejo Saúl a mi lado, se anunció un mensaje del presidente en directo. ¡Cómo madruga este hombre!, pensé.  “En directo retrasmitimos al presidente que ha convocado a los medios de urgencia” – Decía el reportero –  “Hombres y mujeres de este país han de saber que son gobernados con justicia y que las personas a las que han otorgado su confianza trabajan para ellos como ellos mismos lo harían para los demás. El poder político es corrompido por intereses económicos. Las personas que los ciudadanos ven como a sus hermanos protectores son y somos en realidad traidores de nuestro propio corazón. Perdimos la conciencia, nada quedaba de razón y ni siquiera nada quedaba de corazón.” – Empezaba a resultarnos extraño aquella forma de hablar. Normalmente cuando un político hablaba era capaz de unir mil quinientas palabras sin significado ninguno pero aquello… estaba fuera de lo normal. Parecía honesto. Entonces Juliette salió desperezándose de la habitación y se unió a nosotros.

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–          Juliette tienes tostadas y café. Y ven a oir esto. El presiente está hablando y parece algo serio.  – le dije.

“Pero hoy ha despertado vuestro presidente. Se hará justicia con los hijos de esta patria. Han de estar tranquilos porque hemos dejado de ser manipulados. Hoy se empieza a trabajar por un mundo nuevo. Nosotros hemos sido elegidos para empezar la revolución. En conciencia de lo que somos y del daño que podemos hacer. En conciencia de lo que podemos ser y del bien que podemos lograr, a partir de hoy y como primera medida, queda instaurado un control rigoroso de natalidad. Todo el que quiera tener descendencia tendrá que ser examinado física y psíquicamente por los médicos del estado. Olviden la sociedad como la conocen. Destructora, incontrolada. Plaga del planeta. Hoy nacerán de nuestras manos los seres que salvarán el planeta.”

–          ¡Qué coño!- gritó Juliette mientras yo permanecía con la boca abierta, Saúl inmóvil  y en la tele explotaba un estruendo de murmullos entre periodistas. En ese momento sonó el teléfono. Lisa quería ver a Juliette. En cuanto estuvimos listos Saúl nos llevó en la camioneta.

–          ¿Control de la natalidad? – Gritaba indignada Juliette. Que a una mujer le dijeran si podía o no tener un hijo no parecía una decisión muy popular. – Lo debo de haber entendido mal.

–          No parece que se avecine nada bueno, aunque yo creo que hay gente que no debería de tener descendencia.

–          Era lo que faltaba. Que no pudieran tenerse hijos. – Replicó Saúl.

–          Lo que digo es que gente sin medios ni educación no debería de traer a un semejante al mundo.

–          Ben, lo de semejante es relativo. De la peor familia puede crecer la mejor persona. Los niños son personas que no tienen por qué vivir ni pensar igual que sus padres. – Dijo Saúl.

Cuando llegamos a la hacienda de Árin apenas había la mitad de periodistas pero las familias de los encerrados cada vez se hacían mayores en número y en equipamiento. Por lo visto tenían pensado acampar allí.

–          Juliette, ¿querías trabajar en esto verdad?. – Le preguntó Lisa.

–          Si, estoy preparada. – Respondió Juliette.

–          Pues es hora de entrar y que el mundo sepa que ocurre ahí dentro. Yo ya no tengo edad para el campo de batalla y tu eres lista. Sabrás que hacer. El jefe quiere algo rápido.

Juliette me miró y yo asentí con la cabeza.

–          Saúl, parece ser que no nos vamos a ir como pensaba.

–          Oh muchaho, me alegro, la casa se quedaría muy vacía. Pero ¿cómo vais a entrar?

–          Por la puerta no, seguro. Todo el que entra ahí a sabiendas de Árin parece que no pueda volver a salir. 

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